Una semana de fiebres brutales, de casi delirios, de pensar en la muerte como algo natural e inherente a mi naturaleza, a la naturaleza en si. Quise escribirte, mandarte un mensaje medio tonto medio divertido como soliamos hacer cada que alguno necesitaba un salvavidas que lo hiciera reir, pero recorde que ya no podía por que ya no estás aquí…

Empezaron a pasar por mi cabeza paisajes lejanos de tiempos bellos. A mi mente asomaron algunas canciones, fueron invocadas por la nostalgia… La delicia del recuerdo de esos instantes eternos, al lado de almas eternas… Y ahí, en la mitad del recuerdo llego a mi una imagen clara de todos los planes que haciamos de juventud, las polas en el chorro y los vinos en cualquier parque de la ciudad, la botella de Jäger que ya no nos tomaremos juntos… Las carcajadas por whatsapp contandonos pendejadas, la amistad sin fronteras y la sonrisa invencible… Me reí en medio de esa ausencia que consume y de pronto recordé también los momentos lugubres, donde las preocupaciones por el futuro o por el parcial de turno nos opacaban la felicidad, las angustias, la plata que siempre escaseaba, las salvadas brutales, las escapadas a las 10 de la mañana a buscar un bar abierto por que la vida era así, un momento, el impulso, la soledad, la amistad inconmesurable, la vida siendo ella entre nuestros espacios de compartir, vivir hasta el fondo, hasta la última gota del cartón de vino, el cual, así como la vida, exprimimos sin piedad pero con gloria y la frente en alto…


Ah tiempos aquellos, dentro de las preocupaciones nunca contemplamos el que alguno se marchara primero, eso nunca cupo en nuestros planes, ni siquiera fué un tema en nuestras conversaciones, por que nos creimos eternos y de cierta forma lo somos, al menos tu ahora lo eres, eterno en nuestras memorias, en nuestros recuerdos, en cada canción que cantamos a grito herido en nuestros años mosos, y hoy cantamos sentados en nuestra madurez, acunados por los tibios recuerdos de las tardes en conjunto al abrigo de la bruma bogotana, esa bruma tan nuestra, tan mia… Esos vinos derramados, las cervezas que nunca te devolví, los parques en los que sentados buscabamos el sentido de esta vida, en los viajes, en las lagrimas, en las risas y las emputadas esporádicas por algún u otro motivo..


Hoy esas canciones saben a ti, nosotros, ese parche que queda, te llevamos en la música, tu salsa amada, tu amado rock, en las risas, en las lágrimas, y en cada minuto de nuestra existencia, por que de una u otra forma, todos fuímos uno, y ese uno aún sigue latiendo en conjunto, a pesar de la distancia, a pesar de las partidas tempranas… Todos plasmamos un pedacito de alma en quienes amamos… La nostalgia me atacó repentinamente, no puedo escribir nada poético ahora, solo quiero escribir y darte un abrazo en la distancia, en la eterna distancia del adios. A ti Tito…

2 thoughts on “A Tito…

  1. Justo estos días pensaba en lo poco interesante que parece ser el mundo cuando recuerdo la temprana partida de Tito.
    Y me hiere escuchar salsa

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    1. Comparto la sensación Leito, como si de repente el mundo se tornara más gris… Y la música se vuelve un recordatorio constante de la ausencia… Brutal

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