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Esos extraños días grises…

A veces la tristeza aterriza torpemente sobre los tejados dejando caer sobre este empolvado suelo un poco de tiempo y ceniza, se cubren los rincones de sepulcrales silencios, mientras el ambiente se satura de un olor alcanfor, mustio, amargo…

A veces la tristeza se posa sobre los marcos grises de mis ventanas y un salitre distante en el aire trae consigo el olor de otros mares, de otras vidas, de otros sueños…

A veces me pierdo entre mis más funestas sombras, en el ardor de los rescoldos, mientras el eco de un suspiro se pierde sigilosamente entre las nubes y unos ojos humedos, circunspectos, observan impavidos la danza de una hoja seca que se aleja con el viento…

A veces el cansancio atiborra los anaqueles y un pequeño susurro impide llorar, a veces solo sueño, no me muevo, otras tantas veces quisiera volar…

 

20180409_055916.jpgChocó, Colombia.

Hablando de días grises y otras nostalgias bellas…

(Considero personalmente, que la nostalgia es uno de los sentimientos mas bellos e inspiradores)

Abro las persianas y me encuentro con un día hermoso ya conocido, el olor a tierra húmeda y ese vientecito helado que pasa más allá de la piel, atraviesa los huesos y penetra en el alma. Veo sonriente a través de la ventana como ese manto claro de niebla besa las calles y moja las ventanas y siento ese brinquito en el pecho, esa nostalgia tibia de mi caótica ciudad, Bogotá, pero que casualmente, misteriosamente, asombrosamente, Estocolmo también despierta.

Me gustan los días grises, despiertan en mí una sensación que va del borde de la nostalgia a las puertas de una euforia silenciosa, me generan calma… Me gusta esa citadina niebla gris que besa las calles y baña las ventanas, humedece los libros de los lectores de café y plaza, besa las hojas de las plantas, despierta los sueños y ensucia los zapatos. Me hace sentir viva esa sensación, me devuelve las letras que se me pierden en los rescoldos oscuros de la memoria y los afanes cotidianos.

Me gustan los días opacos, con esa luz que no se decide a ser blanca o gris y queda en el limbo dando ese tono sin nombre, tan amable pero tan frio, tan silencioso y bello. Recuerdo mi ciudad natal, y vibro con mi ciudad actual, con sus típicas tardes grises y días de lluvia, con sus peatones de sacos oscuros y sombrillas furiosas abriéndose paso entre las otras sombrillas, desencadenando una lucha silenciosa en la capa superior de esa jungla de cemento, un dosel de sombrillas golpeándose entre si. Recuerdo con una sonrisa la candelaria y sus calles empedradas, esa sensación de estar viajando en el tiempo, caminando en otro siglo, conociendo otra historia, esa Candelaria vieja que recuerda la época de las colonias. Recuerdo sensaciones, olores, sabores, el café de la esquina, el vino de Merlin, también siento en la piel el aroma a café y postres de la plaza central de Gamla Stan, el olor a mar de Slussen, las calles casi perfectas de Estocolmo, el frio opaco de Helsinki…

Recuerdo con el corazón vibrante a mi mami y las tardes tomando café en la terraza, sonriendo por historias viejas, callada por preocupaciones del momento, recuerdo a mi mami y sus sabias palabras y ejemplos, el calor familiar, mi papi y su maravilloso sentido del humor, sus abrazos suaves pero firmes que me dieron la fuerza que aún conservo, mi hermano y la complicidad eterna que solo puede dar esa persona en quien se confía ciegamente, mi hermano y nuestras charlas, nuestras peleas y nuestra amistad casi conmovedora. Me gustan los días grises, me recuerdan que incluso la tormenta destructora deja un suelo húmedo dispuesto a reverdecer, una calle húmeda colmada de letras, aromas, amigos, recuerdos, dolores, tristezas y alegrías. Me gusta la niebla esquiva que se evapora en las manos calientes, la complicidad de esa soledad que llevamos todos a cuestas,

Me gustan las tardes grises con un café caliente contemplando la belleza extraordinaria que tiene la tristeza, el imponente poder de la nostalgia… Ese sabor salobre que tienen los recuerdos bellos.

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Tomada en algun lugar de Turquia, creo que fue en Alanya o Antalya, no recuerdo bien….

Sin tildes, sin ortografia quizas, pero no dejes de mirar por tu ventana….

No te separes de la ventana, no dejes de ver las aves y soñar sus plumas… No, no te separes de la ventana ni por que la brasa ardiente del odio te despegue las manos de su marco o te llegue profundo a las arterias, no, no te separes de la ventana, no dejes de mirar afuera con ojos de ensueño,  curioso del mundo. No dejes que las obstinaciones te alejen un dia de tu ventana, toma un cafe amargo mas amargo que las horas marchitas si es que sientes que es tarde en tus horas y encuentra el gusto de los momentos sin dulce, o un vino tinto, como la sangre que hierve en tus venas mientras miras por la ventana los caminos que no has andado o en donde otros han caminado sus ultimos pasos. No sueltes tu ventana, arrancala de las paredes que te cortan las pasiones, las que te aferran a esa sombra que eres o no eres, las que te hacen Minos en su laberinto y te vuelven la bestia que se traga la vida, sin saborearla, sin disfrutarla… Sigue mirando el bosque gris de las tardes de lluvia o de cemento, los bosques verdes de la vida o la soledad. No, no te apartes, aprende a volar entre los cristales rotos de ventanas muertas en sus horas de angustia, esos cristales que cortan las alas y calientan el aire. Aprende que el hielo en su azul profundo y tranquilo quema tanto como las brasas ardientes que te consumen (por que aunque el hielo no sea azul, es ese el color que vemos desde la ventana). Lleva un vaso vacio, para que puedas llenarlo con las lagrimas que se escurriran cuando tus ojos se queden fijos en la miseria del punto muerto, o para que la lluvia de una tarde anormal lo llene de silenciosas gotas que danzan mientras te maravillas de lo inexplicable, pero cuando el vaso se llene no dejes que se te acabe antes de que tus ojos se claven en lo profundo del amor o del odio, de la alegria o la tristeza, por que sera ese liquido lo que moje tus palabras cuando tu aire se haga denso y ellas se sequen… Pero por encima de tus miedos, tus horrores o tus alegrias (por que la alegria tambien causa panico) no te desprendas de tu ventana, es tuya, es tu paisaje, tu soledad y tu discurso… Llevala contigo, quizas hay otros mirandote desde sus ventanas y viendo como tus pasos abren caminos que quizas mañana seguiran… No ignores que desde nuestras ventanas vemos la gente pasar, caer, levantarse, marcharse o volver, morir o nacer,  y de vez en cuando, muy de vez en cuando, uno que otro en medio de lo cotidiano, alza los brazos al sol levantando el pesado cristal de su ventana como ofrenda al infinito y repentinamente, levantan sus pies de la tierra y comienzan a volar…

 

Imagen tomada de algun sitio de internet del cual no recuerdo el nombre….

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