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Un breve viaje a través de la memoria, en una taza de café (Parte 3 de 3)

Como lo prometido es deuda, esta es la última parte del post de 3 partes, esta parte es mas un resúmen de mi sentir que de los paisajes mismos (advierto en el preambulo para que no se me aburran por el camino jejeje)

…Ya apurada por que llevo bastante tiempo sentada acá, mientras recorro mentalmente algunos de los paisajes que conocí de mi bella tierra, sonrío, a veces se me arruga el corazón, a veces una nube negra se posa en mis ojos y las nubes precipitan lentamente, entonces vuelvo al café que hace rato dejó de ser humeante para volverse un yerto y frio liquido negro con una densa capa de residuos en su fondo (cuncho se le llama en Colombia a este residuo que queda en el fondo de la taza de café), entonces giro la taza como quien hace una mezcla en un tubo de ensayo y me tomo de un tirón el ultimo sorbo, incluyendo el amargo cuncho…

Mientras deleito este espeso y amargo ripio de café, miro el sol por la ventana y se ve tan distinto al sol tropical, incluso me parece como si un sol diferente alumbrara a cada pueblo, algunos soles parecen  iluminar, otros calientan y otros quizas solo queman… Recuerdo aromas de Jazmines en Cundinamarca y olor a chocolate en Bogotá; olor a melao, rumba en Cali, mientras la historia se desborda e inunda las callecitas de Villa de Leiva, las de Popayan; Recuerdo Neiva y su calor implacable, Santander y su cañon ardiente, y así, un montón de lugares tan diferentes entre si, tan bellos en su modo, tan entrañables, formando una colorida colcha de retazos culturales, musicales, gastronómicos, ecológicos, geológicos, geográficos, políticos… Una colcha de retazos que va desde las elevadas y blanquecinas puntas de las nieves perpetuas, bajando por los solemnes y nubosos páramos, atravesando bosques andinos, sub andinos, tropicales, bosques secos, bosques húmedos, desiertos, manglares,  pantanos, valles, ciénagas, estuarios, playas y un cúmulo  de ecosistemas que muchos ni siquiera saben que están en su país o quizás ni siquiera saben que existen, maravillosa naturaleza  que el trópico acaricia…

Volcanes como dioses se alzan sobre las cumbres mas altas bendiciendo a las tierras aledañas, tierras fértiles siempre vivas, mientras a su vez las condena  de vez en cuando a su furia repentina y a la ineptitud de un sistema que ignora a su gente. Podria  pasar horas tratando de describir cada pequeño retacito que recuerdo de Colombia, por que somos un edredon hecho con trocitos de tierras dispares, un pueblo de mil colores, de gente que se levanta y a veces recuerda que tiene voz, retazos que hablan de la lucha incesante de un pueblo que se levanta y cae, y vuelve a levantarse, como una historia ciega y circular, de una naturaleza que se abre paso a pesar del hombre y su inconmesurable avaricia (y estupidez), la historia de un pueblo  que a veces es ciego, otras es mudo, sordo, a veces ignorante…  Retazos de la historia de esta tierra que guarda los vestigios de sus muertos, una tierra pisoteada y humillada, ultrajada… Una tierra fértil hecha polvo,  un pueblo que ha olvidado a fuerza su historia, que ignora su pasado y desconoce su futuro (en el caso de que haya)… Pero no deja de ser hermoso en esencia… En la esperanza colectiva…

Extraordinarios aromas en mi memoria me traen mas imagenes, vienen en estampida  y ahora todo es confuso, no logro identificar a que sitio pertenece cada memoria… Y aunque ya es tarde (me dejó el tren por enésima vez) espero armar el rompecabezas de imágenes, olores y sitios pronto. Me gusta esta sensación,  es una sensación agridulce, amarga como la hiel, pero es inexpugnablemente bella, tan bella como la tierra misma que la inspira…

 

Como lo dije en un principio, hacía mucho rato no escribía y definitivamente sigo cruda, me faltan palabras para tanto que quiero contar, pero si me dan un tiempito, prometo mejorar 😀

 

 

Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer el post :D, tambien un agradecimiento enorme (realmente no espere tanta receptividad y ayuda, que bello) a todas y cada una de las personas que tan amablemente colaboró en estos tres post con esas maravillosas fotos que me prestaron, realmente muchas gracias por su colaboración (hay muchas mas fotos que me enviaron ustedes y no use acá, no por que no me gustaran, si no por que quisiera usarlas en otros post que tengo en la cabeza).

Para los lectores que no están familiarizados con la jerga colombiana, he usado algunas palabras típicas, por lo tanto, acá dejo unas breves definiciones:

Melao: sustancia espesa color caramelo, producto de hervir durante largo tiempo el jugo de la caña de azúcar, se usa como endulzante en algunas zonas del país.

Rumba: fiesta, reunión social donde se baila y la ingesta de alcohol se desborda para algunos (la mayoría).

Cuncho: residuo de café que queda en el fondo de la taza.

Guio: clase de serpiente, anaconda.

Pitón: Serpiente constrictora

Madre de agua: Ser mitológico que vigila y cuida de los cuerpos de agua tomando la forma de algún animal acuatico. Este tipo de mito se encuentra en varios paises de Latinoamerica (Latinoamerica se escribe con “l” mayuscula o minúscula?).

Y como siempre, temas, preguntas, críticas o sugerencias, todas son bienvenidas!

Estas fotos las tomé en 2010 si la memoria no me falla, la primera formación se llama “La olleta” la segunda imagen es de uno de los pequeños hilos de agua que bajan de la parte alta y se encuentran en  el  Parque nacional natural Los Nevados, en la cordillera central andina de Colombia. (Todas las fotos aquí publicadas sin nombre de autor o referencia son mias, perdonarán la calidad de las fotos :D) 

 

Esta foto corresponde a uno de los paramos que ronda el Parque nacional natural Los Nevados, por la entrada que viene de Manizales. Tambien de 2010

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Camilo Ariza me envío esta hermosa foto como colaboración del post. Mil gracias por este pedacito de llano! 
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Bosque nublado en la zona de Manizales. 2009

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Montañas Risaraldenses y un poco más allá.2011

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Cerros orientales, Bogotá. 2008
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Anochecer Bogotano. 2007

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Marcha estudiantil en la Plaza de Bolivar, Bogotá. Tarde lluviosa de 2011 (creo, no me acuerdo bien)

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Un breve viaje a través de la memoria, en una taza de café (Parte 2 de 3)

Continuación del post anterior…

…Y observo el fondo de mi taza de café mientras de nuevo me invade su aroma, pero es otro olor a café, es diferente al olor de un café en la mañana en el Libano, Tolima, o en Fredonia, Antioquia; cada uno huele diferente, cada uno genera sensaciones distintas, pequeñas explosiones en la memoria, es otra sensación. Este me recuerda la bella tierra llanera, cuna de aguerridos pueblos que han recorrido sus extensas sabanas, sus pantanosos secretos, y sus impenetrables selvas.

Recuerdo el olor a tabaco en la tarde mientras un sol rojo engalana el fondo de aquel horizonte, un sol casi de sangre que se pierde en el ocaso, dejando nubes rojizas en la memoria de su extenso cielo mientras el manto gris-azul del firmamento, serenamente despejado, se posa lentamente en los labios de la sabana, avisándole que ya es hora de dormir mientras las garzas se alzan colmando de color el cielo, formando figuras que lentamente van desaparenciendo en la lejanía. Y cae la noche, a la orilla de las aguas se escuchan solitarias ranas entonar la melodia de la laguna mientras un coro de multitudinarios grillos  las acompañan desde el monte, es la perpetua canción de las noches sabaneras, la tonada armónica del crepúsculo selvatico…

El agua refleja la luna, inexacto reflejo, como la fortuna misma de estas tierras… Inesperadamente, algo atraviesa el denso reflejo, parece ser un animal grande que se mueve en el agua bajo la complicidad de la oscurana nocturna, quizás sea una “madre de agua” como se les llamas en algunos sitios (un guío, una piton, nunca se sabe), o un noctámbulo cocodrilo haciendo su ronda, observandonos quizas desde su acuoso mundo, con sus ojos ambar, cristalinos  y silenciosos… Algún ave desde el fondo canta y se escucha la veloz carrera de algún animal salvaje que se aleja…

De repente un olor a agua me inunda el recuerdo, es diferente al olor de la ciénaga, de laguna o a el olor del mar…  Es el majestuoso Ariari quien se asoma a mi memoria, lo recuerdo ¡tan solemne y radiante! llevando en su interior la reminiscencia de mil pueblos y su suerte a traves de la historia, los secretos de la parca difuminados en el fondo de arenizca y grava, como un dios silencioso que repta a traves de las sabanas extensas y los montes encantados, su aparente calma confunde y desdibuja la furia de sus aguas.  Se desliza despacio y me sumerjo en él, tan frio, tan majestuoso, tan lleno de vida, tan lleno de muerte… Sus sinuosos meandros me recuerdan a esas mujeres curvilíneas que se pasean por sus orillas, mujeres recias ataviadas de tareas, poetisas feroces,  incanzables guerreras que al igual que el rio, retienen en su interior remolinos salvajes.

Sigo mirando el rio, al fondo el olor a platano verde y fogón de leña, es la otra orilla, un hombre carga bultos de plátano, otro asa a leña algunos para la merienda mientras consume a sorbos gigantes guarapo de una totuma. Curtidos campesinos, pescadores, trabajadores,  endurecidos por las inclemencias del sol, de la vida y de las injusticias de un estado que no los reconoce y mucho menos los atiende (como suele suceder con la mayoría de campesinos colombianos), personas de ciudad, de campo, tan solo seres humanos luchando a diario, viviendo…

Sigo andando en mi memoria, veo a una danta como corre libre, ¡ ¡tantos animales salvajes!!  mas allá, muy al fondo, alguien sobre un caballo va llevando una parte del ganado de vuelta a su hato.  El sol cae de nuevo, la noche llega pronto y las estrellas nos observan… ¡¡¡ Somos  tan diminutos!!! Un nanoscopico punto en mitad de tanto cielo…  Mil caminos se pierden en la sabana, se confunden en el monte, en la selva inospita, pero otros quedan en la memoria histórica… ¿Cuál de todos esos caminos fue el marcado por Guadalupe y sus centauros?… Mi llano y sus arpas, sus caballos, su ganado, sus animales salvajes, sus ríos descomunales, sus mitos y sus leyendas, su gente de carácter severo y afable, avezado bajo el implacable camino que les marca el sol a diario…

 

Bueno, de edición en edición de la primer versión, se me alargo el post una vez más, así que viene una tercera y última parte en el próximo post (prometo que la próxima si es la última parte), espero no aburrirl@s y de nuevo gracias por leer el post 😀 Espero haya sido de su agrado.

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Esta foto (la de arriba) fue amablemente prestada por Angela Díaz, (Muchas gracias Angelita, ¡bella foto!)

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 Esta foto (la segunda) viene de  la siguiente página: http://juliethrojasmartinez.blogspot.se/2014/11/lugar-especial-para-visitar-visitar.html   Desafortunadamente no tengo fotos propias del llano 😦

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Tercera foto, cortesia de Andrea Ramírez. Mapiripan, Meta (Mil gracias Andreita :*)

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Esta foto (arriba) es de uno de los maravillosos paisajes llaneros, cortesía de Fabian Alzate. Muchas gracias por captar este bello escenario!!!!
Las tres siguientes fotos son cortesía de Yovana Cardona, quien muy  amablemente me las prestó para el blog. Muchas gracias Yovana por tan hermosas fotos!
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Un breve viaje a través de la memoria, en una taza de café (Parte 1 de 3)

Este texto no es un relato bello ni una historia memorable, es solo un cúmulo de imagenes y aromas que guardo en mi memoria… Casi un listado de evocaciones…

Hoy me desperté con la nariz muerta, absolutamente tapada, incapaz de reconocer olores, clara señal de que la primavera se acerca colmada de diminutas partículas de polen que darán vida a nuevas semillas,  polen que dará vida también a noches de insomnio por no poder respirar bien , debido a mi recientemente adquirida alergia  (llamémosla  alergia escandinava por el momento, ya que es en el único de los sitios donde he estado, donde el polen me genera tanta alergia)… Sin embargo, esta ausencia temporal  de mi sentido del olfato me llevo a recordar los olores de mi tierra… Y es que uno no se da cuenta, pero la memoria es un cuento extraño. Todos los días tomo café, mucho café (mucho es muuucho), pero específicamente hoy, que soy incapaz de reconocer olores, mi memoria se lleno de montañas y caminos reales tan pronto el primer café de la mañana empezó a humear en la cafetera, y mientras dejaba caer un delgado hilo de este amargo néctar en mi pocillito (Al que podríamos llamar también, taza sopera, con el propósito de hacer una referencia al tamaño real del “pocillito”) tuve la sensación de estar oliendo las cordilleras desde la memoria,  los impetuosos Andes,  fue un olor mas visual que nasal (si es que algo así tendría sentido), en fin. Recordé ese olor intenso a café tostado y a molienda,  ese sol de la alborada donde la vida se levanta y abre sus brazos al cielo con cada flor que acomoda vivazmente sus pétalos para recibir al astro rey, con cada ave que canta con la primer luz matutina,  desparpajando una a una sus plumas a la llegada del nuevo día, recordé los seres  de la montaña, los visibles y los no visibles, esos que habitan en la memoria ancestral o en el imaginario cultural de las historias de cada pueblo, de cada habitante que las narra. En mi mente dibuje las montañas, esas majestuosas  guardianas milenarias, que han observado el paso del hombre a través de los tiempos y que hoy observan nuestros pasos a través de sus caminos… recordé las épocas de infancia entre cafetales floridos y pequeños riachuelos, pero también recordé mi época de adultez temprana recorriendo los paisajes de un país exuberante, de biodiversidad compleja, una tierra colmada de tanta vida que la muerte no tiene reparo en reclamar más prendas de las realmente  le toca llevar en su regazo… Recorde el eje cafetero, con sus coloridas y perfumadas flores, sus ríos furiosos atravesando el horizonte, sus aves llenando de música el majestuoso paisaje, sus insectos recordándonos que la vida se abre paso de las formas mas inverosimiles…  El aroma a café recién tostado, el olor a montaña virgen, el olor a casita de madera y a tierra negra… La sonrisa amable de la gente y su lucha constante, ¡La bella tierra cafetera!…

Sigo sumergida en mi taza de café y de repente recuerdo un aroma bastante familiar, no logro ubicarlo, subitamente una imagen de barcaza vieja y rio imponente viene a mi memoria, un olor a frutas, entre lo dulce y lo amargo, olor a trópico, a este trópico de sangre y actividad perpetua… Y empieza mi viaje olfativo por las bellas costas de mi tierra, y recuerdo ese olor dulzón que toman las frutas  maduras al empezar a fermentarse luego de caer al suelo, puedo ver la reunión pululante de artrópodos entorno a ellas… Y cierro mis ojos y me transporto a ese paisaje de bosque lejano, con su vegetación reacia a morir presa del inexorable sol, la gente y sus pescados en la orilla del puerto, el olor salobre que tiene el mar. Recuerdo algún pueblo de Córdoba y sus historias tristes, algún otro del Cesar y su música tan festiva…  La costa con su aire caliente y denso, una mecedora, un anciano que cuenta historias jocosas, otras sombrías, y cuenta sus muertos mientras sonríe dejando ver sus escasos y amarillentos dientes mientras consume ávido otro trago de algún licor y sonríe al lado de su casa de tablas, cual digna escena del teatro de lo absurdo. Sigo en este viaje a través de mi taza de café y recuerdo con asombro y emoción la ciénaga, y ella, aún desde el recuerdo me vuelve a hacer encoger el corazón, cuanto esplendor , y maravilla tras ese oscuro y misterioso manto de agua que se enreda entre las raíces de los arboles y los brazos de las hierbas mientras abre sus entrañas cual bondadosa madre a  animales tan misteriosos como ella…  La mirada perdida en el paisaje marítimo (creo que tengo una obsesión casi insana con el mar y los cuerpos de agua) como quien extraña algo que no conoce, algo que aun no se ha vivido, recuerdo las cosquillas en mi frente, no se si producto del sudor o de los insectos lamiendome la sal, una breve y tenue ráfaga de viento, como si el mar me regalase una caricia, conmovido por mi estupefacción… ¡ ¿Cuán bello puede ser un paisaje?!, ¡ ¿Cuán conmovedor puede ser el horizonte?! La belleza sempiterna de natura abriéndose paso por doquier, lo vivo y lo inerte en todas sus formas,  la naturaleza expuesta en la arena, en el mar, en el agua, en el olor a playa, el olor a bosque seco tropical, en la mirada insondable y misteriosa de un sigiloso caimán…

Y sigo recreando paisajes en mi mente, sintiendo aromas lejanos…

De repente en mi pocillito de café un tenue fondo se anuncia, señal de que ya es hora de levantarme de la mesa, guardar los aromas en su cajita de pandora y empezar el nuevo día, pero aun tengo minutos para saborear el esplendor de el recuerdo visual y olfativo de mi tierra. Entonces una sabana extensa, coronada con imponentes palmeras y una selva de fondo sobresale entre todas las imágenes que me asaltan en este instante. Es el llano, ¿como podría hablar de los paisajes en mi memoria sin nombrar las majestuosas tierras llaneras?…

(Ya que el post se alargo más de lo pensado (y por consejo de una bella, muy cercana y querida amiga), decidí dividirlo en dos partes, espero me acompañen en la segunda parte, si esta primera no ha sido tediosa claro está)

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Esta foto es de algún lugar en Caldas, Colombia, no recuerdo específicamente el nombre del sitio. La imagen es algo viejita y la foto no es muy buena (la fotógrafa tampoco) 😀 pero me gustan sus montañas…

¿Y usted ha cumplido alguna de sus promesas de año nuevo?  

Ya a portas del 2015, con el 31 de diciembre y su media noche casi en la frente, muchos y muchas hacen planes desesperados por empatar todas esas promesas incumplidas, proyectos a medias (si es que acaso se empezaron en algún momento) y cambios de vida que se habían prometido justamente hace un año, cuando era el 2014 quien asomaba tímidamente…  Ahora con el afán infinito de la tarea incumplida, se rearman planes, cambios de trabajo, de actitud, cambios de costumbres, promesas de mejoras de toda clase, etc, etc, etc, como si cada primero de enero trajera consigo un tiquete mágico a un nuevo mundo o a una nueva realidad, como si fuéramos ajenos a nuestro propio destino, o nuestras vidas fueran un sueño cíclico de aciertos y errores que no controlamos y tan solo esperamos despertar para encontrarnos en esa realidad anhelada… Como si el camino no fuese algo que labramos con cada paso, con cada decisión, con cada esfuerzo dado.  Parece que olvidamos que un dia, una semana, un mes, un año y cada medida de tiempo que conocemos no son más que nomenclaturas, como decir lunes o jueves, son simples nombres para recordar eventos, momentos, una ubicación en esa geografía interna de la vida, como el anhelo semanal de un viernes o el procrastinar constante de algo que realmente podríamos empezar hoy, en este instante, en este segundo, como si tuviéramos una eternidad para movernos, como si la muerte o el fin solo fueran cuentos, sustitutos del coco o los monstruos nocturnos,  para hacer acostar temprano a los niños. Olvidamos que el tiempo es un continuo andar, sin retroceso, sin adelantos, y somos nosotros quienes nos movemos en él, ningún lunes es igual a otro, el segundo que paso es solo un punto en ese eterno hilo que llamamos tiempo, y la vida, nuestra vida, solo es un diminuto fragmento en ese transcurrir eterno… Entonce  ¿Por qué esperar cada fin de año para recomenzar? Para tratar de cambiar nuestra propia realidad?, ¿Por qué no empezar hoy que estamos vivos?, quizás mañana no tengamos el tiempo que tenemos hoy, ni la fuerza, ni las ganas, quizás mañana ni siquiera ya tengamos vida…

El mundo cambia constantemente, sin esperar a que sea primero de enero, se mueve todo el tiempo, algunas costumbres dañinas se refuerzan, otras cambian, alguna gente se despierta mientras otras duermen al arrullo constante de las falsas verdades que no dejan ver esta realidad implacable.

Cada año nos dan de lo mismo, los sueldos bajos, los impuestos altos, alimentos incomprables en una tierra rica pero con brechas económicas sin igual, la gente muere por ideales, otros por un par de tenis, otros solo por estar en el momento y sitio desdichados, la gente sigue naciendo, algunos botan la comida que sobra de sus cenas mientras otros ansiosos esperan a encontrar en la basura el tesoro que los mantendrá otro día mas con vida, o al menos con energía para seguir buscando en la basura, algunos desde el exilio anhelan con lágrimas en sus ojos el retorno a sus tierras, mientras los otros maldicen su mala suerte por haber nacido en ese lugar. Algunos niños lloran en navidad por una taza de alguna bebida tibia, mientras otro lloran sentados en sus tibias alfombras por que recibieron un regalo que no les gusto. Algunos viven con la incertidumbre del mañana mientras al otro lado del mundo la gente ni siquiera cree que una realidad tan cruel suceda simultánea.  Los medios de comunicación siguen amañados vendiendonos imágenes distorsionadas de la realidad, tomando lo que les conviene a quienes están detrás, y dejando el resto oculto al público, como si la realidad solo fuera una idea y no un constante del cual solo tenemos una mínima consciencia, la realidad no deja de ser tal como es solo porque yo la ignore o la imagine de otra manera, nos muestran una supuesta realidad de un mundo que desconocemos, de realidades de otras gentes, de otras culturas, engañándonos con alevosía . Afuera también venden nuestra realidad bajo el lente demagogo de quienes están arriba, exigiendo más y dando menos,  mientras abajo hay gente tragando entero las marejadas de basura que los medios nos regalan a borbotones, y cultivando enemistades en campos que antes fueron de flores, manipulando odios y simpatías, dejándonos a expensas de nuestra consciencia zombi, de nuestra falta de autocrítica. Medios que ocultan las cosas maravillosas que gente sencilla como usted o como yo hacen para cambiar un poco la realidad cruel que algunos viven, gente que quizás un día dejo de prometerse y empezó a actuar, que saco las ideas del tintero, tomo una de ellas y sin esperar a ser portada de periódico, con los escasos medios la echó a andar, mientras tanto nos venden cuadros hermosos hechos con sangre y lágrimas, vendiéndolos como óleo y arte. Manchando imágenes de líderes reales, ensuciando ideales  y realzando criminales (algunos envueltos en banderas de potencias decadentes) vendiéndolos con apariencia de salvadores.  Envenenando el mundo y a la vida,  las gentes y sus sueños, intoxicando al pueblo con nubecitas de humo colorido, ocultando fantasmas asesinos en su niebla. Dejemos de prometer sinsentidos y tratemos de abrir los ojos, no bailemos más en los charcos de sangre ocultos bajo las alfombras, limpiemos la casa pero limpiémosla bien, saquemos las envidias y la zancadilla, limpiemos la pereza intelectual que nos tiene durmiendo en el andén y dejemos de pensar que el año nuevo nos traerá la fortuna que tan lejanamente brilla o que los días del nuevo año traerán consigo ese redentor que nos dara luz y camino. Abramos los ojos y alistemos los pies, el camino es largo pero solo cada uno lo puede andar, dejemos de esperar que alguien llegue a salvarnos el día y seamos nosotros quienes pintemos esta casa, remodelémonos! Las buenas intenciones están bien, pero el mundo está lleno de buenas intenciones, sin embargo en los campos, los pueblos y las ciudades hay millones de personas a quienes las buenas intenciones no las cobijaran ni les darán de comer…

Prometámonos un cambio, pero no esperemos a cada fin de año para rasgarnos las vestiduras, empecemos hoy, cambiemos nosotros antes de pretender cambiar el mundo… ¡Feliz año nuevo!

 

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Hablando de días grises y otras nostalgias bellas…

(Considero personalmente, que la nostalgia es uno de los sentimientos mas bellos e inspiradores)

Abro las persianas y me encuentro con un día hermoso ya conocido, el olor a tierra húmeda y ese vientecito helado que pasa más allá de la piel, atraviesa los huesos y penetra en el alma. Veo sonriente a través de la ventana como ese manto claro de niebla besa las calles y moja las ventanas y siento ese brinquito en el pecho, esa nostalgia tibia de mi caótica ciudad, Bogotá, pero que casualmente, misteriosamente, asombrosamente, Estocolmo también despierta.

Me gustan los días grises, despiertan en mí una sensación que va del borde de la nostalgia a las puertas de una euforia silenciosa, me generan calma… Me gusta esa citadina niebla gris que besa las calles y baña las ventanas, humedece los libros de los lectores de café y plaza, besa las hojas de las plantas, despierta los sueños y ensucia los zapatos. Me hace sentir viva esa sensación, me devuelve las letras que se me pierden en los rescoldos oscuros de la memoria y los afanes cotidianos.

Me gustan los días opacos, con esa luz que no se decide a ser blanca o gris y queda en el limbo dando ese tono sin nombre, tan amable pero tan frio, tan silencioso y bello. Recuerdo mi ciudad natal, y vibro con mi ciudad actual, con sus típicas tardes grises y días de lluvia, con sus peatones de sacos oscuros y sombrillas furiosas abriéndose paso entre las otras sombrillas, desencadenando una lucha silenciosa en la capa superior de esa jungla de cemento, un dosel de sombrillas golpeándose entre si. Recuerdo con una sonrisa la candelaria y sus calles empedradas, esa sensación de estar viajando en el tiempo, caminando en otro siglo, conociendo otra historia, esa Candelaria vieja que recuerda la época de las colonias. Recuerdo sensaciones, olores, sabores, el café de la esquina, el vino de Merlin, también siento en la piel el aroma a café y postres de la plaza central de Gamla Stan, el olor a mar de Slussen, las calles casi perfectas de Estocolmo, el frio opaco de Helsinki…

Recuerdo con el corazón vibrante a mi mami y las tardes tomando café en la terraza, sonriendo por historias viejas, callada por preocupaciones del momento, recuerdo a mi mami y sus sabias palabras y ejemplos, el calor familiar, mi papi y su maravilloso sentido del humor, sus abrazos suaves pero firmes que me dieron la fuerza que aún conservo, mi hermano y la complicidad eterna que solo puede dar esa persona en quien se confía ciegamente, mi hermano y nuestras charlas, nuestras peleas y nuestra amistad casi conmovedora. Me gustan los días grises, me recuerdan que incluso la tormenta destructora deja un suelo húmedo dispuesto a reverdecer, una calle húmeda colmada de letras, aromas, amigos, recuerdos, dolores, tristezas y alegrías. Me gusta la niebla esquiva que se evapora en las manos calientes, la complicidad de esa soledad que llevamos todos a cuestas,

Me gustan las tardes grises con un café caliente contemplando la belleza extraordinaria que tiene la tristeza, el imponente poder de la nostalgia… Ese sabor salobre que tienen los recuerdos bellos.

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Tomada en algun lugar de Turquia, creo que fue en Alanya o Antalya, no recuerdo bien….

De la autocompasión y las quejas….

Lejos de tener tintes poéticos, esto es una opinión, y con ella, mi intención no es sonar a “hermana consejera” ni “libro de autoayuda”, es solo una mirada personal, desparpajada y superflua de algo a lo que todos y todas hemos recurrido alguna vez, la autocompasión y las quejas, no creo que la autocompasión sea perversa, solo que llevada a extremos cambia de tono… Al igual que a veces las quejas en extremo dejan de ser la expresión de algún problema para convertirse en el propio problema… Por eso no se sienta aludid@ y si lo hace, pues ríase, a veces es divertido vernos  nosotros  mismos desde otra perspectiva. Tampoco quiero agraviar a nadie que se encuentre bajo alguna circunstancia de susceptibilidad extrema, bajo alguna problemática complicada o que en últimas, tenga la autocompasión como estilo de vida, al fin y al cabo cada cual es libre de ser como quiera ser…

De la autocompasión llevada a extremos y las quejas monotemáticas

Cuantas veces bajo el calor de una charla he escuchado de diferentes bocas, frases del tipo ¿Por qué a mí? ¿Por qué me pasa esto?  Por mi parte, tampoco he sido ajena a ellas, yo también me he revolcado en mi lodazal personal tratando de buscar una “sabia” explicación a mi “mala suerte del momento”. Y es que cuestionarnos el por qué suceden ciertas cosas es un ejercicio que algunos (me incluyo) deberían realizar más a menudo, el problema aparece cuando el cuestionamiento se transforma en un rosario de gimoteos permanentes que rayan en el borde de la autocompasión y nos hacemos mártires de nuestros propios errores.

¡ ¡ ¡Sí!!! Si fue su culpa acéptelo, ya no somos niños como para andar culpando al osito de peluche de rayar la pared y si no fue su culpa, pues ya! Supere lo que le paso que con lamentarse cada cinco minutos por lo mismo nada se arregla, se desahoga un rato pero muy seguramente en algún momento, hasta su mejor amig@ (esa que se le aguanta desde las borracheras con ranchera incluida, la llamada a la una de la mañana pidiéndole que POR FAVOR le preste esa blusa nueva que usted ni siquiera se ha estrenado, hasta la rabieta tonta por no acompañarl@ a ver la película esa del tipo romanticón o acción sin sentido que  usted odia pero que su amig@le remueve el alma y hasta el ultimo fluido nasal) se va a sentir ahogad@ en ese mar de lagrimas en que se han convertido sus conversaciones. Y es que hay personas que abusan de la autocompasión, incluso me atrevería a decir que todos en algún o algunos momentos lo hemos hecho, ¡¡Pero carajo!! Por ventura o desventura, el mundo sigue girando sin importar si usted está hecho una bola de lana con nudos o si tiene la frescura y brillo de la seda hecha textil, cada fracaso, error, fallo, como sea que se le llame,  ha de tener su duelo pero no haga del duelo su hobby favorito.

  • Si le fue mal en el parcial y no sabe porque si usted es taaan “pilo” haga una cuenta mensual de todas las horas que paso sentado, cerveza en mano con sus compinches, a eso súmele las horas semanales que ha  estado sentado frente a la cajita mágica viendo  su o sus programas favoritos (incluyendo los partidos de futbol , el melodrama ese que l@ hace llorar en las tardes o los debates políticos con los que quizás usted también terminó más de una vez con la gastritis alborotada de pasar tantas rabias escuchando los “lucidos discursos” de nuestros respetabilísimos políticos de turno) , o quizás mariposeando de vitrina en vitrina imaginándose lo “buen@” que se vería si tuviera plata para comprarse toda la ropa que le gusta, y sin contar las horas que le consume facebook, twitter y demás redes sociales que nos aplastan hoy en día, y así sucesivamente. ¿¿Estudia y trabaja?? Complicado, ahí si es que cada hora es oro y aún así uno se da el lujo de sentarse a hacer NADA, usted decide que recortar si la tele, internet, los amigos o la cerveza, o entonces corte la queja y asuma que quizás esa nota SI representa su “consagrado” esfuerzo. Recuerde que sus malas notas no siempre se deben a que el profesor de turno le tenga “bronca”. Tampoco es hacer de la vida social un tabú o algo nulo, pero un poco de disciplina de vez en cuando  cae bien. O quizás si lee una horita cada día los apuntes de clase pues de pronto… De hecho ¿tiene sus propios apuntes de clase?
  • ¿¿Que l@ dejo la pareja?? Pues levántese, dese un bañito con harta agua fría haber si en una de esas se le aclaran las ideas, despierte, arréglese, salga un rato, no se quede encerrad@ dándose latigazos mientras piensa por que el “patán” ese o la “suripanta” esa le hizo esto si usted es “tan buena persona”. Primero, uno no es tan bueno como uno cree y segundo los demás tampoco son tan buenos como uno cree (ni como ellos creen). Deje de martirizarse mientras el otro o la otra está feliz de la vida disfrutando de las maravillas de su nueva conquista o peor aún, disfrutando de una vida sin la cantaleta con que acostumbraba agobiarle. Vaya a la biblioteca, léase ese libro que siempre miro con ganas pero que por andar en “otras tareas” nunca leyó, disfrute de la compañía de un buen libro y un café, aprenda a disfrutar de SU PROPIA compañía.
  • También están esas personas que pretenden caer bien a base de autocompasión “Es que todos son tan buenos menos yo““a ti todo te sale bien en cambio a mi…” es que todo lo malo me pasa a mi” algunas buscando una extraña aceptación o la lástima ajena. E incluso estan aquellos que dos minutos despues de conocerlos ya lo han puesto a uno al tanto de su calvario personal, y todo narrado bajo ese tono lastimero de “comprendame”, por que una cosa es contar un problema y otra muy diferente quejarse. ¡¡Nooo!!  A todo el mundo le pasan cosas malas y en diferentes escalas (aunque no se puede negar el hecho de que a veces pareciera que la vida se ensaña con unos más que con otros, pero eso sí, todos tenemos esos días en que hubiéramos deseado no levantarnos de la cama), no todo lo malo le sucede a usted, todo el mundo llora, todo el mundo ríe, la diferencia es que no todos lo andan pregonando a los cuatro vientos  y con cuanta persona (conocida o desconocida) se les cruza haciendo de sus problemas un circo de barrio, y mucho menos montandose el papelón de víctima eterna de las circunstancias.  Tampoco se trata de irnos a extremos e interiorizar como propio, el típico ”es que siempre hay alguien peor que uno” por que aunque sea cierto y siempre haya alguien peor que uno, cada cual vive sus penas y glorias a su propio ritmo, bajo su propio lente y bajo esa perspectiva algunas comparaciones pueden llegar a ser odiosas,  y mucho menos se trata de volvernos unos mediocres que encuentran en el fracaso ajeno la única forma de brillar.
  • “Yo no me merezco esto”  Puede que no, pero con repetirlo una y mil veces lo único que va a generar es una mayor desazón,  con verse a usted mism@ todo el tiempo con ojos de infante desamparado no creo que solucione mucho, tampoco se trata de conformarse con lo que se tiene o con lo que sucede, o peor aun conformarse con lo que no se ha conseguido, ¡¡ NO!!  El meollo esta en reflexionar que pasos nos llevaron allí y no repetirlos en circunstancias similares, o que pasos nos falto dar, o si los repetimos, que sea cuidadosamente y con plena conciencia de lo que se puede obtener como resultado. Pero  si la cosa esta completamente fuera de su alcance y dominio, y definitivamente usted no se merecía eso de lo que se queja, pues maldiga un rato, pateé las puertas  si así se desahoga (las de su casa preferiblemente), pero no se hunda en sus fracasos (o en eso que a veces ni siquiera llega a la categoría de fracaso) ni haga de su vida una cochera de cerdos donde se revuelca en el lodo cada vez que se siente mal lamentandose siempre por su mala fortuna, respire y recuerde que todo pasa y de todo nos pasa. Y si definitivamente, la culpa si fue suya, pues…¡¡ Asuma!! Hay quienes deciden quedarse en la orilla de un mar en calma a observar como nada el resto hasta perderse en el horizonte y siente la curiosidad de “que se sentirá estar allá, en lo profundo de la inmensidad marina”, mientras quien se arriesgo a adentrarse en aguas desconocidas mira en algún momento desde la distancia, con anhelo, la orilla tranquila de la cual partió. Si las cosas pudieron haber sido diferentes no lo sabra,  pero usted decidió y escogió esto o la mayor parte de lo que sucede ahora. No podemos vivir dos realidades simultáneamente, por eso escogemos, entonces no venga con esa carita de “pobre yo” que poco o nada le luce. Como dice un refrán popular “Si la vida te da limones aprende a hacer limonada”.

Si siente en extremo que la vida le pesa, que naaada le sale como espera y que esta condenad@ al eterno fracaso, haga un ejercicio de reflexión sin llegar al marco de la autocompasión (aunque si ya ha contemplado el hecho de que todo lo que haga está condenado al fracaso, puede que la autocompasión este tocando a su puerta), piense cada una de las decisiones que ha tomado, respire profundo cuando en ese baúl aparezcan cosas que no le gustan, al fin y al cabo es su cajón personal  y lo que usted es y tiene hoy, es producto de eso que tiene ahí guardado, de los caminos que ha recorrido y de las decisiones (buenas y malas) que ha tomado, de su extremo desenfado en  la vida o su exceso de seriedad en esta. No se avergüence (del todo) pero tampoco se deidifique y mucho menos se ponga en el altar de los mártires. Siga caminando, disfrute de las flores, si es alérgico al polen y no se puede acercar a ellas pues mírelas solamente, desde lejos siguen siendo bellas, disfrute de las cosas sin lloriqueos innecesarios y si se va a dar látigo que no sea con ese látigo de peluche que se usa en la autocompasión, que más parece una caricia que una reprimenda, hágalo en serio, a profundidad y consigo mismo, interiorice sus desaciertos con tranquilidad y plena conciencia de  ellos, recuerde que la experiencia es vana sin reflexión y no vamos a aprender de los errores siendo autoindulgentes y mucho menos haciéndonos victimas de nuestros propios fracasos.

Si bien es claro que hay cosas en la vida que no se pueden evitar, cambiar ni influenciar siquiera, entonces tampoco habría porque agobiarse hasta el límite de las fuerzas por ellas, al fin y al cabo van a suceder ¿o no?.  No se trata de conformismo ni mucho menos, como ya lo mencioné, por el contrario, se trata de conocer nuestros fallos y aceptar que se han cometido  y así poder estar a paz y salvo consigo mismo, sin tener que esconder el rostro debajo del soso manto de la compasión y mucho menos caer en la vergonzosa tarea de mendigar miradas piadosas, palmaditas en la espalda y frases insulsas sacadas de libros de autoayuda por parte de quienes nos escuchan…

Y usted que se tomo su tiempo para leer esto, ¿Se ha sentido en el lecho de la autocompasión? y si es así ¿Ya hizo su ejercicio de reflexión?…. Y si más allá de eso reconoce que esta tendid@ en el lecho de la compasión y se siente comod@ y a gusto en el, pues que importa lo que una vieja loca escriba en un blog, lo importante es que usted este conciente de lo que hace y de una u otra forma lo disfrute… 😉 Recuerde que como dije en el principio, esto es solo una OPINION PERSONAL…

Gracias por visitar el blog.

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Del amor a las letras…

Me gusta revolotear entre anaqueles de libros viejos, libros de segunda, pasar las horas de tardes grises recorriendo uno a uno sus espacios colmados de luz y sombra, disfruto ese silencio de somnolienta revolución, de agudizada melancolía. Sentir entre los dedos como se deslizan sus amarillentas páginas, casi marchitas de tiempo, ojearlos lentamente, saborear esa crónica inédita que esconde entre sus pastas.

Me gusta fundir mis horas en ellos, sentir ese exquisito olor a historias que queda en el ambiente, el perfume de las letras concentrado entre mis manos, me gusta observarlos durante horas e ir cual diminuto insecto que recorre jardines, saltando de uno a otro, exprimir sus prólogos y sus nombres, imaginar otros relatos con su arcaica apariencia.

Me gusta perderme entre nostalgias ajenas, devorar esa ausencia autoinducida de submarino literario, dejarme arrastrar hasta el fondo de la fábula para luego despertar entre lágrimas de papel. Delinear los párrafos con ráfagas de asombro, deslizarme torpemente sobre el borde de las letras (y caminar despacio, tan ajena de mi, tan colmada de fantasmas)…  Lamer las palabras y devorar sus siluetas en una bocanada de desvencijada vida… Me gusta perderme entre súbitos meandros, atravesar sus laberintos de suertes escondidas, amar hasta el más ínfimo punto (aquel que perdió la maquina al estallar el verso), deshojar sus letras una a una, desdibujarlas y reacomodarlas a mi antojo, arrancar con violencia la realidad de mis ojos y perderme entre sus ríos de nadas irreales para deambular entre los túneles de sueños olvidados.

Y vuelvo y traspaso esa puerta etérea, y cabalgo fugaz entre las letras de su historia, imagino paisajes que solo el sueño puede contener, camino devastada por la fuerza del susurro y otras lo hago con la fuerza del  escrito, y a ese punto no sé si soy una historia mas, quizás un viejo verso, un cuento eterno que cree ser real o si soy una liviana realidad que un día creyó ser historia.

Y es que las letras son el escenario donde se materializan los sueños, donde se dibujan las sombras de aquello que no veo, pero donde veo las sombras de lo que quizás no existe. Por que leer es el ejercicio de soñar despiertos, es un ballet de tinta emergiendo del papel, es un árbol-historia, la saciedad de no ser… Mas si se agotaran las sombras, se desvanecieran los fantasmas, se aniquilaran los fuegos nocturnos donde se da vida a las mágicas narraciones donde quisiera habitar, aún quedaría el recuerdo, una taza humeante de café, un lápiz, un papel y una palabra verso, una palabra tierra, una palabra viva que todavía puede gritar el silencio de las voces en solemne ceremonia, la espera taciturna de una vida aún no escrita, el cuento infinito de todavía respirar, la insaciable melodía de aquel que siempre espera al abrigo de la lluvia la aparición repentina de una nube mas. Y es que siempre habrán letras con sus amantes furtivos, por que el hecho de estar vivos ya es una obra literaria y  toda vida posee un cuento digno de contar, porque detrás de la máscara, detrás de la absurda cotidianidad se oculta tímido un mundo más allá del real, la verdadera risa detrás del cristal… Por eso amo las letras y sus diáfanas polillas, por que la tinta es verso en esencia, por la pasión que despierta el oficio de leer y la embriagadora libertad que dejan las letras al pasar…

tarde