Se oyen los rumores de unas alas que se agitan,
traen bajo su manto barahúndas de otras vidas,
vienen volando bajo aunque inundan todo el cielo,
recien empieza el murmullo a inundar de lleno el suelo.

Son voces de antiguos ritos, cánticos y barullos, cada pluma es una voz, cada voz es un poema, una plegaria que se alza en medio de la sordera.

No exigen nada imposible, solo un sueño arrebatado:
¡Que retorne lo que es suyo y les ha sido usurpado!

Depronto se oye un estruendo retumbando hasta los huesos:
Son las balas estallando en una danza de excesos…
El clamor se hace dolor, caen con ellas los poemas
y al tocar el pavimento se transforman en quimeras.

El monstruo ha abierto sus fauces y ese monstruo pestilente se hace aún más pervertido, ya no le importa esconderse…
Ráfagas de odio y fuego, es una bestia demente que se regocija en vino, es la sangre de su gente.

(La muerte desde lo lejos mira con desconsuelo, no hay lugar pa’ tanta muerte en este sagrado suelo.)

Ese monstruo garrafal no da tregua ni se calla, canta su podredumbre haciendo coro a las balas.

¿Quien llorará nuestros muertos si ya no quedan más vivos?

Si perecen los alados con ellos se irá el bullicio, la algarabía de la vida, la lucha por lo divino.

¿Quien llorará nuestros muertos si ya no quedan más vivos
cuando las voces se callen bajo balas del maligno?

Solo pobres malvivientes andarán estos caminos, peleandose nuestros restos en este purgatorio indigno.

(Acá no hay foto, hay luto por un pueblo que esta siendo asesinado bajo una dictadura disfrazada de democracia)

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