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Un breve viaje a través de la memoria, en una taza de café (Parte 2 de 3)

Continuación del post anterior…

…Y observo el fondo de mi taza de café mientras de nuevo me invade su aroma, pero es otro olor a café, es diferente al olor de un café en la mañana en el Libano, Tolima, o en Fredonia, Antioquia; cada uno huele diferente, cada uno genera sensaciones distintas, pequeñas explosiones en la memoria, es otra sensación. Este me recuerda la bella tierra llanera, cuna de aguerridos pueblos que han recorrido sus extensas sabanas, sus pantanosos secretos, y sus impenetrables selvas.

Recuerdo el olor a tabaco en la tarde mientras un sol rojo engalana el fondo de aquel horizonte, un sol casi de sangre que se pierde en el ocaso, dejando nubes rojizas en la memoria de su extenso cielo mientras el manto gris-azul del firmamento, serenamente despejado, se posa lentamente en los labios de la sabana, avisándole que ya es hora de dormir mientras las garzas se alzan colmando de color el cielo, formando figuras que lentamente van desaparenciendo en la lejanía. Y cae la noche, a la orilla de las aguas se escuchan solitarias ranas entonar la melodia de la laguna mientras un coro de multitudinarios grillos  las acompañan desde el monte, es la perpetua canción de las noches sabaneras, la tonada armónica del crepúsculo selvatico…

El agua refleja la luna, inexacto reflejo, como la fortuna misma de estas tierras… Inesperadamente, algo atraviesa el denso reflejo, parece ser un animal grande que se mueve en el agua bajo la complicidad de la oscurana nocturna, quizás sea una “madre de agua” como se les llamas en algunos sitios (un guío, una piton, nunca se sabe), o un noctámbulo cocodrilo haciendo su ronda, observandonos quizas desde su acuoso mundo, con sus ojos ambar, cristalinos  y silenciosos… Algún ave desde el fondo canta y se escucha la veloz carrera de algún animal salvaje que se aleja…

De repente un olor a agua me inunda el recuerdo, es diferente al olor de la ciénaga, de laguna o a el olor del mar…  Es el majestuoso Ariari quien se asoma a mi memoria, lo recuerdo ¡tan solemne y radiante! llevando en su interior la reminiscencia de mil pueblos y su suerte a traves de la historia, los secretos de la parca difuminados en el fondo de arenizca y grava, como un dios silencioso que repta a traves de las sabanas extensas y los montes encantados, su aparente calma confunde y desdibuja la furia de sus aguas.  Se desliza despacio y me sumerjo en él, tan frio, tan majestuoso, tan lleno de vida, tan lleno de muerte… Sus sinuosos meandros me recuerdan a esas mujeres curvilíneas que se pasean por sus orillas, mujeres recias ataviadas de tareas, poetisas feroces,  incanzables guerreras que al igual que el rio, retienen en su interior remolinos salvajes.

Sigo mirando el rio, al fondo el olor a platano verde y fogón de leña, es la otra orilla, un hombre carga bultos de plátano, otro asa a leña algunos para la merienda mientras consume a sorbos gigantes guarapo de una totuma. Curtidos campesinos, pescadores, trabajadores,  endurecidos por las inclemencias del sol, de la vida y de las injusticias de un estado que no los reconoce y mucho menos los atiende (como suele suceder con la mayoría de campesinos colombianos), personas de ciudad, de campo, tan solo seres humanos luchando a diario, viviendo…

Sigo andando en mi memoria, veo a una danta como corre libre, ¡ ¡tantos animales salvajes!!  mas allá, muy al fondo, alguien sobre un caballo va llevando una parte del ganado de vuelta a su hato.  El sol cae de nuevo, la noche llega pronto y las estrellas nos observan… ¡¡¡ Somos  tan diminutos!!! Un nanoscopico punto en mitad de tanto cielo…  Mil caminos se pierden en la sabana, se confunden en el monte, en la selva inospita, pero otros quedan en la memoria histórica… ¿Cuál de todos esos caminos fue el marcado por Guadalupe y sus centauros?… Mi llano y sus arpas, sus caballos, su ganado, sus animales salvajes, sus ríos descomunales, sus mitos y sus leyendas, su gente de carácter severo y afable, avezado bajo el implacable camino que les marca el sol a diario…

 

Bueno, de edición en edición de la primer versión, se me alargo el post una vez más, así que viene una tercera y última parte en el próximo post (prometo que la próxima si es la última parte), espero no aburrirl@s y de nuevo gracias por leer el post 😀 Espero haya sido de su agrado.

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Esta foto (la de arriba) fue amablemente prestada por Angela Díaz, (Muchas gracias Angelita, ¡bella foto!)

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 Esta foto (la segunda) viene de  la siguiente página: http://juliethrojasmartinez.blogspot.se/2014/11/lugar-especial-para-visitar-visitar.html   Desafortunadamente no tengo fotos propias del llano 😦

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Tercera foto, cortesia de Andrea Ramírez. Mapiripan, Meta (Mil gracias Andreita :*)

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Esta foto (arriba) es de uno de los maravillosos paisajes llaneros, cortesía de Fabian Alzate. Muchas gracias por captar este bello escenario!!!!
Las tres siguientes fotos son cortesía de Yovana Cardona, quien muy  amablemente me las prestó para el blog. Muchas gracias Yovana por tan hermosas fotos!
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Un breve viaje a través de la memoria, en una taza de café (Parte 1 de 3)

Este texto no es un relato bello ni una historia memorable, es solo un cúmulo de imagenes y aromas que guardo en mi memoria… Casi un listado de evocaciones…

Hoy me desperté con la nariz muerta, absolutamente tapada, incapaz de reconocer olores, clara señal de que la primavera se acerca colmada de diminutas partículas de polen que darán vida a nuevas semillas,  polen que dará vida también a noches de insomnio por no poder respirar bien , debido a mi recientemente adquirida alergia  (llamémosla  alergia escandinava por el momento, ya que es en el único de los sitios donde he estado, donde el polen me genera tanta alergia)… Sin embargo, esta ausencia temporal  de mi sentido del olfato me llevo a recordar los olores de mi tierra… Y es que uno no se da cuenta, pero la memoria es un cuento extraño. Todos los días tomo café, mucho café (mucho es muuucho), pero específicamente hoy, que soy incapaz de reconocer olores, mi memoria se lleno de montañas y caminos reales tan pronto el primer café de la mañana empezó a humear en la cafetera, y mientras dejaba caer un delgado hilo de este amargo néctar en mi pocillito (Al que podríamos llamar también, taza sopera, con el propósito de hacer una referencia al tamaño real del “pocillito”) tuve la sensación de estar oliendo las cordilleras desde la memoria,  los impetuosos Andes,  fue un olor mas visual que nasal (si es que algo así tendría sentido), en fin. Recordé ese olor intenso a café tostado y a molienda,  ese sol de la alborada donde la vida se levanta y abre sus brazos al cielo con cada flor que acomoda vivazmente sus pétalos para recibir al astro rey, con cada ave que canta con la primer luz matutina,  desparpajando una a una sus plumas a la llegada del nuevo día, recordé los seres  de la montaña, los visibles y los no visibles, esos que habitan en la memoria ancestral o en el imaginario cultural de las historias de cada pueblo, de cada habitante que las narra. En mi mente dibuje las montañas, esas majestuosas  guardianas milenarias, que han observado el paso del hombre a través de los tiempos y que hoy observan nuestros pasos a través de sus caminos… recordé las épocas de infancia entre cafetales floridos y pequeños riachuelos, pero también recordé mi época de adultez temprana recorriendo los paisajes de un país exuberante, de biodiversidad compleja, una tierra colmada de tanta vida que la muerte no tiene reparo en reclamar más prendas de las realmente  le toca llevar en su regazo… Recorde el eje cafetero, con sus coloridas y perfumadas flores, sus ríos furiosos atravesando el horizonte, sus aves llenando de música el majestuoso paisaje, sus insectos recordándonos que la vida se abre paso de las formas mas inverosimiles…  El aroma a café recién tostado, el olor a montaña virgen, el olor a casita de madera y a tierra negra… La sonrisa amable de la gente y su lucha constante, ¡La bella tierra cafetera!…

Sigo sumergida en mi taza de café y de repente recuerdo un aroma bastante familiar, no logro ubicarlo, subitamente una imagen de barcaza vieja y rio imponente viene a mi memoria, un olor a frutas, entre lo dulce y lo amargo, olor a trópico, a este trópico de sangre y actividad perpetua… Y empieza mi viaje olfativo por las bellas costas de mi tierra, y recuerdo ese olor dulzón que toman las frutas  maduras al empezar a fermentarse luego de caer al suelo, puedo ver la reunión pululante de artrópodos entorno a ellas… Y cierro mis ojos y me transporto a ese paisaje de bosque lejano, con su vegetación reacia a morir presa del inexorable sol, la gente y sus pescados en la orilla del puerto, el olor salobre que tiene el mar. Recuerdo algún pueblo de Córdoba y sus historias tristes, algún otro del Cesar y su música tan festiva…  La costa con su aire caliente y denso, una mecedora, un anciano que cuenta historias jocosas, otras sombrías, y cuenta sus muertos mientras sonríe dejando ver sus escasos y amarillentos dientes mientras consume ávido otro trago de algún licor y sonríe al lado de su casa de tablas, cual digna escena del teatro de lo absurdo. Sigo en este viaje a través de mi taza de café y recuerdo con asombro y emoción la ciénaga, y ella, aún desde el recuerdo me vuelve a hacer encoger el corazón, cuanto esplendor , y maravilla tras ese oscuro y misterioso manto de agua que se enreda entre las raíces de los arboles y los brazos de las hierbas mientras abre sus entrañas cual bondadosa madre a  animales tan misteriosos como ella…  La mirada perdida en el paisaje marítimo (creo que tengo una obsesión casi insana con el mar y los cuerpos de agua) como quien extraña algo que no conoce, algo que aun no se ha vivido, recuerdo las cosquillas en mi frente, no se si producto del sudor o de los insectos lamiendome la sal, una breve y tenue ráfaga de viento, como si el mar me regalase una caricia, conmovido por mi estupefacción… ¡ ¿Cuán bello puede ser un paisaje?!, ¡ ¿Cuán conmovedor puede ser el horizonte?! La belleza sempiterna de natura abriéndose paso por doquier, lo vivo y lo inerte en todas sus formas,  la naturaleza expuesta en la arena, en el mar, en el agua, en el olor a playa, el olor a bosque seco tropical, en la mirada insondable y misteriosa de un sigiloso caimán…

Y sigo recreando paisajes en mi mente, sintiendo aromas lejanos…

De repente en mi pocillito de café un tenue fondo se anuncia, señal de que ya es hora de levantarme de la mesa, guardar los aromas en su cajita de pandora y empezar el nuevo día, pero aun tengo minutos para saborear el esplendor de el recuerdo visual y olfativo de mi tierra. Entonces una sabana extensa, coronada con imponentes palmeras y una selva de fondo sobresale entre todas las imágenes que me asaltan en este instante. Es el llano, ¿como podría hablar de los paisajes en mi memoria sin nombrar las majestuosas tierras llaneras?…

(Ya que el post se alargo más de lo pensado (y por consejo de una bella, muy cercana y querida amiga), decidí dividirlo en dos partes, espero me acompañen en la segunda parte, si esta primera no ha sido tediosa claro está)

blog eje

Esta foto es de algún lugar en Caldas, Colombia, no recuerdo específicamente el nombre del sitio. La imagen es algo viejita y la foto no es muy buena (la fotógrafa tampoco) 😀 pero me gustan sus montañas…

¡¡¡Hace siglos no escribo!!!

Acabo de recordar que tengo un blog… ¡Y que lo tengo abandonado!… Pero pronto vuelvo 🙂 . A veces las musas juegan malas pasadas, y lo dejan a uno tirado en la mitad de la nada, así, sin previo aviso, sin carta de despedida ni abrazo final… Pero las muy caprichosas vuelven despues!… Claro esta, lo anterior, sumado a las lluvias internas, los cafes humeantes abandonados en mitad de la tarde contra una ventana gris, los textos universitarios esperandome ansiosos en la mesa, los viajes maravillosos, el tren que llega tarde, la vida que se pasa,  las palabras atropellandose para salir primero y mi escaza capacidad de concentración, han hecho de mis ideas una mancha turbia e incoherente, sin pies ni cabeza tanto en el papel como en mis labios… Pero extraño escribir, es uno de los pocos espacios donde me siento plena, uno de mis mundos internos favoritos!  Otro de esos mundos es la fotografía, y a falta de un buen texto (debido a mi repentino conflicto con las musas jajaja) o al menos decente, mejor les dejo la foto de una bella florecita…flo1 - kopia

Del amor a las letras…

Me gusta revolotear entre anaqueles de libros viejos, libros de segunda, pasar las horas de tardes grises recorriendo uno a uno sus espacios colmados de luz y sombra, disfruto ese silencio de somnolienta revolución, de agudizada melancolía. Sentir entre los dedos como se deslizan sus amarillentas páginas, casi marchitas de tiempo, ojearlos lentamente, saborear esa crónica inédita que esconde entre sus pastas.

Me gusta fundir mis horas en ellos, sentir ese exquisito olor a historias que queda en el ambiente, el perfume de las letras concentrado entre mis manos, me gusta observarlos durante horas e ir cual diminuto insecto que recorre jardines, saltando de uno a otro, exprimir sus prólogos y sus nombres, imaginar otros relatos con su arcaica apariencia.

Me gusta perderme entre nostalgias ajenas, devorar esa ausencia autoinducida de submarino literario, dejarme arrastrar hasta el fondo de la fábula para luego despertar entre lágrimas de papel. Delinear los párrafos con ráfagas de asombro, deslizarme torpemente sobre el borde de las letras (y caminar despacio, tan ajena de mi, tan colmada de fantasmas)…  Lamer las palabras y devorar sus siluetas en una bocanada de desvencijada vida… Me gusta perderme entre súbitos meandros, atravesar sus laberintos de suertes escondidas, amar hasta el más ínfimo punto (aquel que perdió la maquina al estallar el verso), deshojar sus letras una a una, desdibujarlas y reacomodarlas a mi antojo, arrancar con violencia la realidad de mis ojos y perderme entre sus ríos de nadas irreales para deambular entre los túneles de sueños olvidados.

Y vuelvo y traspaso esa puerta etérea, y cabalgo fugaz entre las letras de su historia, imagino paisajes que solo el sueño puede contener, camino devastada por la fuerza del susurro y otras lo hago con la fuerza del  escrito, y a ese punto no sé si soy una historia mas, quizás un viejo verso, un cuento eterno que cree ser real o si soy una liviana realidad que un día creyó ser historia.

Y es que las letras son el escenario donde se materializan los sueños, donde se dibujan las sombras de aquello que no veo, pero donde veo las sombras de lo que quizás no existe. Por que leer es el ejercicio de soñar despiertos, es un ballet de tinta emergiendo del papel, es un árbol-historia, la saciedad de no ser… Mas si se agotaran las sombras, se desvanecieran los fantasmas, se aniquilaran los fuegos nocturnos donde se da vida a las mágicas narraciones donde quisiera habitar, aún quedaría el recuerdo, una taza humeante de café, un lápiz, un papel y una palabra verso, una palabra tierra, una palabra viva que todavía puede gritar el silencio de las voces en solemne ceremonia, la espera taciturna de una vida aún no escrita, el cuento infinito de todavía respirar, la insaciable melodía de aquel que siempre espera al abrigo de la lluvia la aparición repentina de una nube mas. Y es que siempre habrán letras con sus amantes furtivos, por que el hecho de estar vivos ya es una obra literaria y  toda vida posee un cuento digno de contar, porque detrás de la máscara, detrás de la absurda cotidianidad se oculta tímido un mundo más allá del real, la verdadera risa detrás del cristal… Por eso amo las letras y sus diáfanas polillas, por que la tinta es verso en esencia, por la pasión que despierta el oficio de leer y la embriagadora libertad que dejan las letras al pasar…

tarde