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Oscuro I…

Hay un monstruo que me acecha entre las sombras, me observa, me siente, me acompaña…

Un monstruo me persigue mientras corro despavorida entre los callejones sombrios de este laberinto tallado en mi cabeza a fuerza de lagrimas, dolores y miedos, me grita entre mis silencios, quema mi piel mientras lo ignoro, llena mi cabeza de ideas sombrias, casi nefastas…A veces es gris, a veces blanco o transparente, a veces se viste de colores pero sigue siendo el monstruo que me acecha…

Es un cumulo de duelos marchitos, de dolores recalcitrantes. A veces me alcanza y me atrapa, es entonces cuando atraviezo el miedo y lo observo a los ojos y veo a traves de ellos un enorme vacio, descubro el alma detras del monstruo, ese que me atrapa y me libera, me arma y me desarma, ese monstruo que abre llagas en mi piel para luego lamer mis heridas, ese monstruo que me unde en la más absurda miseria, en una apatía insondable colmada de lagrimas secas, y me lanza al vacio donde se rompen mis huesos y mi voluntad…

Hay un monstruo que me atrapa desde lo más profundo y me condena a la más fria soledad, al abismo inconmesurable de la duda… Hay un monstruo que me carcome los segundos… Ese monstruo que me aterroriza y al que nunca logro esquivar habita en mi, y con terror descubro que somos uno, que ese monstruo del que huyo despavorida soy yo,.. Y no hay escapatoria de uno mismo…

 

Esos extraños días grises…

A veces la tristeza aterriza torpemente sobre los tejados dejando caer sobre este empolvado suelo un poco de tiempo y ceniza, se cubren los rincones de sepulcrales silencios, mientras el ambiente se satura de un olor alcanfor, mustio, amargo…

A veces la tristeza se posa sobre los marcos grises de mis ventanas y un salitre distante en el aire trae consigo el olor de otros mares, de otras vidas, de otros sueños…

A veces me pierdo entre mis más funestas sombras, en el ardor de los rescoldos, mientras el eco de un suspiro se pierde sigilosamente entre las nubes y unos ojos humedos, circunspectos, observan impavidos la danza de una hoja seca que se aleja con el viento…

A veces el cansancio atiborra los anaqueles y un pequeño susurro impide llorar, a veces solo sueño, no me muevo, otras tantas veces quisiera volar…

 

20180409_055916.jpgChocó, Colombia.

Del amor a las letras…

Me gusta revolotear entre anaqueles de libros viejos, libros de segunda, pasar las horas de tardes grises recorriendo uno a uno sus espacios colmados de luz y sombra, disfruto ese silencio de somnolienta revolución, de agudizada melancolía. Sentir entre los dedos como se deslizan sus amarillentas páginas, casi marchitas de tiempo, ojearlos lentamente, saborear esa crónica inédita que esconde entre sus pastas.

Me gusta fundir mis horas en ellos, sentir ese exquisito olor a historias que queda en el ambiente, el perfume de las letras concentrado entre mis manos, me gusta observarlos durante horas e ir cual diminuto insecto que recorre jardines, saltando de uno a otro, exprimir sus prólogos y sus nombres, imaginar otros relatos con su arcaica apariencia.

Me gusta perderme entre nostalgias ajenas, devorar esa ausencia autoinducida de submarino literario, dejarme arrastrar hasta el fondo de la fábula para luego despertar entre lágrimas de papel. Delinear los párrafos con ráfagas de asombro, deslizarme torpemente sobre el borde de las letras (y caminar despacio, tan ajena de mi, tan colmada de fantasmas)…  Lamer las palabras y devorar sus siluetas en una bocanada de desvencijada vida… Me gusta perderme entre súbitos meandros, atravesar sus laberintos de suertes escondidas, amar hasta el más ínfimo punto (aquel que perdió la maquina al estallar el verso), deshojar sus letras una a una, desdibujarlas y reacomodarlas a mi antojo, arrancar con violencia la realidad de mis ojos y perderme entre sus ríos de nadas irreales para deambular entre los túneles de sueños olvidados.

Y vuelvo y traspaso esa puerta etérea, y cabalgo fugaz entre las letras de su historia, imagino paisajes que solo el sueño puede contener, camino devastada por la fuerza del susurro y otras lo hago con la fuerza del  escrito, y a ese punto no sé si soy una historia mas, quizás un viejo verso, un cuento eterno que cree ser real o si soy una liviana realidad que un día creyó ser historia.

Y es que las letras son el escenario donde se materializan los sueños, donde se dibujan las sombras de aquello que no veo, pero donde veo las sombras de lo que quizás no existe. Por que leer es el ejercicio de soñar despiertos, es un ballet de tinta emergiendo del papel, es un árbol-historia, la saciedad de no ser… Mas si se agotaran las sombras, se desvanecieran los fantasmas, se aniquilaran los fuegos nocturnos donde se da vida a las mágicas narraciones donde quisiera habitar, aún quedaría el recuerdo, una taza humeante de café, un lápiz, un papel y una palabra verso, una palabra tierra, una palabra viva que todavía puede gritar el silencio de las voces en solemne ceremonia, la espera taciturna de una vida aún no escrita, el cuento infinito de todavía respirar, la insaciable melodía de aquel que siempre espera al abrigo de la lluvia la aparición repentina de una nube mas. Y es que siempre habrán letras con sus amantes furtivos, por que el hecho de estar vivos ya es una obra literaria y  toda vida posee un cuento digno de contar, porque detrás de la máscara, detrás de la absurda cotidianidad se oculta tímido un mundo más allá del real, la verdadera risa detrás del cristal… Por eso amo las letras y sus diáfanas polillas, por que la tinta es verso en esencia, por la pasión que despierta el oficio de leer y la embriagadora libertad que dejan las letras al pasar…

tarde