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Un breve viaje a través de la memoria, en una taza de café (Parte 3 de 3)

Como lo prometido es deuda, esta es la última parte del post de 3 partes, esta parte es mas un resúmen de mi sentir que de los paisajes mismos (advierto en el preambulo para que no se me aburran por el camino jejeje)

…Ya apurada por que llevo bastante tiempo sentada acá, mientras recorro mentalmente algunos de los paisajes que conocí de mi bella tierra, sonrío, a veces se me arruga el corazón, a veces una nube negra se posa en mis ojos y las nubes precipitan lentamente, entonces vuelvo al café que hace rato dejó de ser humeante para volverse un yerto y frio liquido negro con una densa capa de residuos en su fondo (cuncho se le llama en Colombia a este residuo que queda en el fondo de la taza de café), entonces giro la taza como quien hace una mezcla en un tubo de ensayo y me tomo de un tirón el ultimo sorbo, incluyendo el amargo cuncho…

Mientras deleito este espeso y amargo ripio de café, miro el sol por la ventana y se ve tan distinto al sol tropical, incluso me parece como si un sol diferente alumbrara a cada pueblo, algunos soles parecen  iluminar, otros calientan y otros quizas solo queman… Recuerdo aromas de Jazmines en Cundinamarca y olor a chocolate en Bogotá; olor a melao, rumba en Cali, mientras la historia se desborda e inunda las callecitas de Villa de Leiva, las de Popayan; Recuerdo Neiva y su calor implacable, Santander y su cañon ardiente, y así, un montón de lugares tan diferentes entre si, tan bellos en su modo, tan entrañables, formando una colorida colcha de retazos culturales, musicales, gastronómicos, ecológicos, geológicos, geográficos, políticos… Una colcha de retazos que va desde las elevadas y blanquecinas puntas de las nieves perpetuas, bajando por los solemnes y nubosos páramos, atravesando bosques andinos, sub andinos, tropicales, bosques secos, bosques húmedos, desiertos, manglares,  pantanos, valles, ciénagas, estuarios, playas y un cúmulo  de ecosistemas que muchos ni siquiera saben que están en su país o quizás ni siquiera saben que existen, maravillosa naturaleza  que el trópico acaricia…

Volcanes como dioses se alzan sobre las cumbres mas altas bendiciendo a las tierras aledañas, tierras fértiles siempre vivas, mientras a su vez las condena  de vez en cuando a su furia repentina y a la ineptitud de un sistema que ignora a su gente. Podria  pasar horas tratando de describir cada pequeño retacito que recuerdo de Colombia, por que somos un edredon hecho con trocitos de tierras dispares, un pueblo de mil colores, de gente que se levanta y a veces recuerda que tiene voz, retazos que hablan de la lucha incesante de un pueblo que se levanta y cae, y vuelve a levantarse, como una historia ciega y circular, de una naturaleza que se abre paso a pesar del hombre y su inconmesurable avaricia (y estupidez), la historia de un pueblo  que a veces es ciego, otras es mudo, sordo, a veces ignorante…  Retazos de la historia de esta tierra que guarda los vestigios de sus muertos, una tierra pisoteada y humillada, ultrajada… Una tierra fértil hecha polvo,  un pueblo que ha olvidado a fuerza su historia, que ignora su pasado y desconoce su futuro (en el caso de que haya)… Pero no deja de ser hermoso en esencia… En la esperanza colectiva…

Extraordinarios aromas en mi memoria me traen mas imagenes, vienen en estampida  y ahora todo es confuso, no logro identificar a que sitio pertenece cada memoria… Y aunque ya es tarde (me dejó el tren por enésima vez) espero armar el rompecabezas de imágenes, olores y sitios pronto. Me gusta esta sensación,  es una sensación agridulce, amarga como la hiel, pero es inexpugnablemente bella, tan bella como la tierra misma que la inspira…

 

Como lo dije en un principio, hacía mucho rato no escribía y definitivamente sigo cruda, me faltan palabras para tanto que quiero contar, pero si me dan un tiempito, prometo mejorar 😀

 

 

Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer el post :D, tambien un agradecimiento enorme (realmente no espere tanta receptividad y ayuda, que bello) a todas y cada una de las personas que tan amablemente colaboró en estos tres post con esas maravillosas fotos que me prestaron, realmente muchas gracias por su colaboración (hay muchas mas fotos que me enviaron ustedes y no use acá, no por que no me gustaran, si no por que quisiera usarlas en otros post que tengo en la cabeza).

Para los lectores que no están familiarizados con la jerga colombiana, he usado algunas palabras típicas, por lo tanto, acá dejo unas breves definiciones:

Melao: sustancia espesa color caramelo, producto de hervir durante largo tiempo el jugo de la caña de azúcar, se usa como endulzante en algunas zonas del país.

Rumba: fiesta, reunión social donde se baila y la ingesta de alcohol se desborda para algunos (la mayoría).

Cuncho: residuo de café que queda en el fondo de la taza.

Guio: clase de serpiente, anaconda.

Pitón: Serpiente constrictora

Madre de agua: Ser mitológico que vigila y cuida de los cuerpos de agua tomando la forma de algún animal acuatico. Este tipo de mito se encuentra en varios paises de Latinoamerica (Latinoamerica se escribe con “l” mayuscula o minúscula?).

Y como siempre, temas, preguntas, críticas o sugerencias, todas son bienvenidas!

Estas fotos las tomé en 2010 si la memoria no me falla, la primera formación se llama “La olleta” la segunda imagen es de uno de los pequeños hilos de agua que bajan de la parte alta y se encuentran en  el  Parque nacional natural Los Nevados, en la cordillera central andina de Colombia. (Todas las fotos aquí publicadas sin nombre de autor o referencia son mias, perdonarán la calidad de las fotos :D) 

 

Esta foto corresponde a uno de los paramos que ronda el Parque nacional natural Los Nevados, por la entrada que viene de Manizales. Tambien de 2010

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Camilo Ariza me envío esta hermosa foto como colaboración del post. Mil gracias por este pedacito de llano! 
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Bosque nublado en la zona de Manizales. 2009

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Montañas Risaraldenses y un poco más allá.2011

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Cerros orientales, Bogotá. 2008
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Anochecer Bogotano. 2007

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Marcha estudiantil en la Plaza de Bolivar, Bogotá. Tarde lluviosa de 2011 (creo, no me acuerdo bien)

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Un breve viaje a través de la memoria, en una taza de café (Parte 2 de 3)

Continuación del post anterior…

…Y observo el fondo de mi taza de café mientras de nuevo me invade su aroma, pero es otro olor a café, es diferente al olor de un café en la mañana en el Libano, Tolima, o en Fredonia, Antioquia; cada uno huele diferente, cada uno genera sensaciones distintas, pequeñas explosiones en la memoria, es otra sensación. Este me recuerda la bella tierra llanera, cuna de aguerridos pueblos que han recorrido sus extensas sabanas, sus pantanosos secretos, y sus impenetrables selvas.

Recuerdo el olor a tabaco en la tarde mientras un sol rojo engalana el fondo de aquel horizonte, un sol casi de sangre que se pierde en el ocaso, dejando nubes rojizas en la memoria de su extenso cielo mientras el manto gris-azul del firmamento, serenamente despejado, se posa lentamente en los labios de la sabana, avisándole que ya es hora de dormir mientras las garzas se alzan colmando de color el cielo, formando figuras que lentamente van desaparenciendo en la lejanía. Y cae la noche, a la orilla de las aguas se escuchan solitarias ranas entonar la melodia de la laguna mientras un coro de multitudinarios grillos  las acompañan desde el monte, es la perpetua canción de las noches sabaneras, la tonada armónica del crepúsculo selvatico…

El agua refleja la luna, inexacto reflejo, como la fortuna misma de estas tierras… Inesperadamente, algo atraviesa el denso reflejo, parece ser un animal grande que se mueve en el agua bajo la complicidad de la oscurana nocturna, quizás sea una “madre de agua” como se les llamas en algunos sitios (un guío, una piton, nunca se sabe), o un noctámbulo cocodrilo haciendo su ronda, observandonos quizas desde su acuoso mundo, con sus ojos ambar, cristalinos  y silenciosos… Algún ave desde el fondo canta y se escucha la veloz carrera de algún animal salvaje que se aleja…

De repente un olor a agua me inunda el recuerdo, es diferente al olor de la ciénaga, de laguna o a el olor del mar…  Es el majestuoso Ariari quien se asoma a mi memoria, lo recuerdo ¡tan solemne y radiante! llevando en su interior la reminiscencia de mil pueblos y su suerte a traves de la historia, los secretos de la parca difuminados en el fondo de arenizca y grava, como un dios silencioso que repta a traves de las sabanas extensas y los montes encantados, su aparente calma confunde y desdibuja la furia de sus aguas.  Se desliza despacio y me sumerjo en él, tan frio, tan majestuoso, tan lleno de vida, tan lleno de muerte… Sus sinuosos meandros me recuerdan a esas mujeres curvilíneas que se pasean por sus orillas, mujeres recias ataviadas de tareas, poetisas feroces,  incanzables guerreras que al igual que el rio, retienen en su interior remolinos salvajes.

Sigo mirando el rio, al fondo el olor a platano verde y fogón de leña, es la otra orilla, un hombre carga bultos de plátano, otro asa a leña algunos para la merienda mientras consume a sorbos gigantes guarapo de una totuma. Curtidos campesinos, pescadores, trabajadores,  endurecidos por las inclemencias del sol, de la vida y de las injusticias de un estado que no los reconoce y mucho menos los atiende (como suele suceder con la mayoría de campesinos colombianos), personas de ciudad, de campo, tan solo seres humanos luchando a diario, viviendo…

Sigo andando en mi memoria, veo a una danta como corre libre, ¡ ¡tantos animales salvajes!!  mas allá, muy al fondo, alguien sobre un caballo va llevando una parte del ganado de vuelta a su hato.  El sol cae de nuevo, la noche llega pronto y las estrellas nos observan… ¡¡¡ Somos  tan diminutos!!! Un nanoscopico punto en mitad de tanto cielo…  Mil caminos se pierden en la sabana, se confunden en el monte, en la selva inospita, pero otros quedan en la memoria histórica… ¿Cuál de todos esos caminos fue el marcado por Guadalupe y sus centauros?… Mi llano y sus arpas, sus caballos, su ganado, sus animales salvajes, sus ríos descomunales, sus mitos y sus leyendas, su gente de carácter severo y afable, avezado bajo el implacable camino que les marca el sol a diario…

 

Bueno, de edición en edición de la primer versión, se me alargo el post una vez más, así que viene una tercera y última parte en el próximo post (prometo que la próxima si es la última parte), espero no aburrirl@s y de nuevo gracias por leer el post 😀 Espero haya sido de su agrado.

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Esta foto (la de arriba) fue amablemente prestada por Angela Díaz, (Muchas gracias Angelita, ¡bella foto!)

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 Esta foto (la segunda) viene de  la siguiente página: http://juliethrojasmartinez.blogspot.se/2014/11/lugar-especial-para-visitar-visitar.html   Desafortunadamente no tengo fotos propias del llano 😦

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Tercera foto, cortesia de Andrea Ramírez. Mapiripan, Meta (Mil gracias Andreita :*)

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Esta foto (arriba) es de uno de los maravillosos paisajes llaneros, cortesía de Fabian Alzate. Muchas gracias por captar este bello escenario!!!!
Las tres siguientes fotos son cortesía de Yovana Cardona, quien muy  amablemente me las prestó para el blog. Muchas gracias Yovana por tan hermosas fotos!
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Un breve viaje a través de la memoria, en una taza de café (Parte 1 de 3)

Este texto no es un relato bello ni una historia memorable, es solo un cúmulo de imagenes y aromas que guardo en mi memoria… Casi un listado de evocaciones…

Hoy me desperté con la nariz muerta, absolutamente tapada, incapaz de reconocer olores, clara señal de que la primavera se acerca colmada de diminutas partículas de polen que darán vida a nuevas semillas,  polen que dará vida también a noches de insomnio por no poder respirar bien , debido a mi recientemente adquirida alergia  (llamémosla  alergia escandinava por el momento, ya que es en el único de los sitios donde he estado, donde el polen me genera tanta alergia)… Sin embargo, esta ausencia temporal  de mi sentido del olfato me llevo a recordar los olores de mi tierra… Y es que uno no se da cuenta, pero la memoria es un cuento extraño. Todos los días tomo café, mucho café (mucho es muuucho), pero específicamente hoy, que soy incapaz de reconocer olores, mi memoria se lleno de montañas y caminos reales tan pronto el primer café de la mañana empezó a humear en la cafetera, y mientras dejaba caer un delgado hilo de este amargo néctar en mi pocillito (Al que podríamos llamar también, taza sopera, con el propósito de hacer una referencia al tamaño real del “pocillito”) tuve la sensación de estar oliendo las cordilleras desde la memoria,  los impetuosos Andes,  fue un olor mas visual que nasal (si es que algo así tendría sentido), en fin. Recordé ese olor intenso a café tostado y a molienda,  ese sol de la alborada donde la vida se levanta y abre sus brazos al cielo con cada flor que acomoda vivazmente sus pétalos para recibir al astro rey, con cada ave que canta con la primer luz matutina,  desparpajando una a una sus plumas a la llegada del nuevo día, recordé los seres  de la montaña, los visibles y los no visibles, esos que habitan en la memoria ancestral o en el imaginario cultural de las historias de cada pueblo, de cada habitante que las narra. En mi mente dibuje las montañas, esas majestuosas  guardianas milenarias, que han observado el paso del hombre a través de los tiempos y que hoy observan nuestros pasos a través de sus caminos… recordé las épocas de infancia entre cafetales floridos y pequeños riachuelos, pero también recordé mi época de adultez temprana recorriendo los paisajes de un país exuberante, de biodiversidad compleja, una tierra colmada de tanta vida que la muerte no tiene reparo en reclamar más prendas de las realmente  le toca llevar en su regazo… Recorde el eje cafetero, con sus coloridas y perfumadas flores, sus ríos furiosos atravesando el horizonte, sus aves llenando de música el majestuoso paisaje, sus insectos recordándonos que la vida se abre paso de las formas mas inverosimiles…  El aroma a café recién tostado, el olor a montaña virgen, el olor a casita de madera y a tierra negra… La sonrisa amable de la gente y su lucha constante, ¡La bella tierra cafetera!…

Sigo sumergida en mi taza de café y de repente recuerdo un aroma bastante familiar, no logro ubicarlo, subitamente una imagen de barcaza vieja y rio imponente viene a mi memoria, un olor a frutas, entre lo dulce y lo amargo, olor a trópico, a este trópico de sangre y actividad perpetua… Y empieza mi viaje olfativo por las bellas costas de mi tierra, y recuerdo ese olor dulzón que toman las frutas  maduras al empezar a fermentarse luego de caer al suelo, puedo ver la reunión pululante de artrópodos entorno a ellas… Y cierro mis ojos y me transporto a ese paisaje de bosque lejano, con su vegetación reacia a morir presa del inexorable sol, la gente y sus pescados en la orilla del puerto, el olor salobre que tiene el mar. Recuerdo algún pueblo de Córdoba y sus historias tristes, algún otro del Cesar y su música tan festiva…  La costa con su aire caliente y denso, una mecedora, un anciano que cuenta historias jocosas, otras sombrías, y cuenta sus muertos mientras sonríe dejando ver sus escasos y amarillentos dientes mientras consume ávido otro trago de algún licor y sonríe al lado de su casa de tablas, cual digna escena del teatro de lo absurdo. Sigo en este viaje a través de mi taza de café y recuerdo con asombro y emoción la ciénaga, y ella, aún desde el recuerdo me vuelve a hacer encoger el corazón, cuanto esplendor , y maravilla tras ese oscuro y misterioso manto de agua que se enreda entre las raíces de los arboles y los brazos de las hierbas mientras abre sus entrañas cual bondadosa madre a  animales tan misteriosos como ella…  La mirada perdida en el paisaje marítimo (creo que tengo una obsesión casi insana con el mar y los cuerpos de agua) como quien extraña algo que no conoce, algo que aun no se ha vivido, recuerdo las cosquillas en mi frente, no se si producto del sudor o de los insectos lamiendome la sal, una breve y tenue ráfaga de viento, como si el mar me regalase una caricia, conmovido por mi estupefacción… ¡ ¿Cuán bello puede ser un paisaje?!, ¡ ¿Cuán conmovedor puede ser el horizonte?! La belleza sempiterna de natura abriéndose paso por doquier, lo vivo y lo inerte en todas sus formas,  la naturaleza expuesta en la arena, en el mar, en el agua, en el olor a playa, el olor a bosque seco tropical, en la mirada insondable y misteriosa de un sigiloso caimán…

Y sigo recreando paisajes en mi mente, sintiendo aromas lejanos…

De repente en mi pocillito de café un tenue fondo se anuncia, señal de que ya es hora de levantarme de la mesa, guardar los aromas en su cajita de pandora y empezar el nuevo día, pero aun tengo minutos para saborear el esplendor de el recuerdo visual y olfativo de mi tierra. Entonces una sabana extensa, coronada con imponentes palmeras y una selva de fondo sobresale entre todas las imágenes que me asaltan en este instante. Es el llano, ¿como podría hablar de los paisajes en mi memoria sin nombrar las majestuosas tierras llaneras?…

(Ya que el post se alargo más de lo pensado (y por consejo de una bella, muy cercana y querida amiga), decidí dividirlo en dos partes, espero me acompañen en la segunda parte, si esta primera no ha sido tediosa claro está)

blog eje

Esta foto es de algún lugar en Caldas, Colombia, no recuerdo específicamente el nombre del sitio. La imagen es algo viejita y la foto no es muy buena (la fotógrafa tampoco) 😀 pero me gustan sus montañas…