Hablando de días grises y otras nostalgias bellas…

(Considero personalmente, que la nostalgia es uno de los sentimientos mas bellos e inspiradores)

Abro las persianas y me encuentro con un día hermoso ya conocido, el olor a tierra húmeda y ese vientecito helado que pasa más allá de la piel, atraviesa los huesos y penetra en el alma. Veo sonriente a través de la ventana como ese manto claro de niebla besa las calles y moja las ventanas y siento ese brinquito en el pecho, esa nostalgia tibia de mi caótica ciudad, Bogotá, pero que casualmente, misteriosamente, asombrosamente, Estocolmo también despierta.

Me gustan los días grises, despiertan en mí una sensación que va del borde de la nostalgia a las puertas de una euforia silenciosa, me generan calma… Me gusta esa citadina niebla gris que besa las calles y baña las ventanas, humedece los libros de los lectores de café y plaza, besa las hojas de las plantas, despierta los sueños y ensucia los zapatos. Me hace sentir viva esa sensación, me devuelve las letras que se me pierden en los rescoldos oscuros de la memoria y los afanes cotidianos.

Me gustan los días opacos, con esa luz que no se decide a ser blanca o gris y queda en el limbo dando ese tono sin nombre, tan amable pero tan frio, tan silencioso y bello. Recuerdo mi ciudad natal, y vibro con mi ciudad actual, con sus típicas tardes grises y días de lluvia, con sus peatones de sacos oscuros y sombrillas furiosas abriéndose paso entre las otras sombrillas, desencadenando una lucha silenciosa en la capa superior de esa jungla de cemento, un dosel de sombrillas golpeándose entre si. Recuerdo con una sonrisa la candelaria y sus calles empedradas, esa sensación de estar viajando en el tiempo, caminando en otro siglo, conociendo otra historia, esa Candelaria vieja que recuerda la época de las colonias. Recuerdo sensaciones, olores, sabores, el café de la esquina, el vino de Merlin, también siento en la piel el aroma a café y postres de la plaza central de Gamla Stan, el olor a mar de Slussen, las calles casi perfectas de Estocolmo, el frio opaco de Helsinki…

Recuerdo con el corazón vibrante a mi mami y las tardes tomando café en la terraza, sonriendo por historias viejas, callada por preocupaciones del momento, recuerdo a mi mami y sus sabias palabras y ejemplos, el calor familiar, mi papi y su maravilloso sentido del humor, sus abrazos suaves pero firmes que me dieron la fuerza que aún conservo, mi hermano y la complicidad eterna que solo puede dar esa persona en quien se confía ciegamente, mi hermano y nuestras charlas, nuestras peleas y nuestra amistad casi conmovedora. Me gustan los días grises, me recuerdan que incluso la tormenta destructora deja un suelo húmedo dispuesto a reverdecer, una calle húmeda colmada de letras, aromas, amigos, recuerdos, dolores, tristezas y alegrías. Me gusta la niebla esquiva que se evapora en las manos calientes, la complicidad de esa soledad que llevamos todos a cuestas,

Me gustan las tardes grises con un café caliente contemplando la belleza extraordinaria que tiene la tristeza, el imponente poder de la nostalgia… Ese sabor salobre que tienen los recuerdos bellos.

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Tomada en algun lugar de Turquia, creo que fue en Alanya o Antalya, no recuerdo bien….

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